sábado, 19 de mayo de 2012

Música, poesía y política. Empezando con "Adíos Mamá Carlota"

Las dos primeras cosas que conforman este título bien pueden considerarse como dos de las cosas más bellas que ha logrado crear el ser humano, la tercera se ve más como un mal necesario que la humanidad no ha podido dejar de lado. Aun así, ha habido extrañas situaciones en que la política se llega a mezclar con la música, e incluso, con la poesia. Para esas situaciones que nos hacen pensar en que no hay imposibles en el mundo, he decidido realizar este sección, recopilando poco a poco aquellas canciones o poemas que se han visto influenciadas por la política.

Empezando con un verdadero clasico mexicano, que cuenta con la friolera de más de 150 años y que fue dedicado a nada más y nada menos que la emperatriz Carlota. Titulado "Adiós, mamá Carlota", fue compuesto por Vicente Riva Palacio (Escritor, militar y político liberal), y se convirtió rápidamente en una de las canciones más populares de las fuerzas liberales en la guerra contra el imperio de Maximiliano. Con el pasar de los años, esta canción ha pasado a ser un homenaje a la victoria liberal del siglo XIX. 




Adiós, mamá Carlota

La niebla de los mares radiante el sol aclara, 
Ya cruje la Novara a impulsos del vapor.
La nave va en los mares botando cual pelota,
Adiós, mamá Carlota, adiós, mi tierno amor.
De la remota playa te mira con tristeza
La estúpida nobleza del mocho y el traidor.
En lo hondo de su pecho ya sienten su derrota.
Adiós,mamá Carlota, adiós, mi tierno amor.
Acábanse en Palacio tertulias, juegos, bailes,
Agítanse los frailes en fuerzas de dolor.
La chusma de Las Cruces gritando se alborota.
Adiós, mamá Carlota, adiós, mi tierno amor.
Murmuran sordamente los tristes chambelanes,
Lloran los capellanes y las damas de honor.
El triste Chucho Hermosa canta con lira rota.
Adiós, mamá Carlota, adiós, mi tierno amor.
En tanto los chinacos ya cantan la victoria, 
Guardando tu memoria sin miedo ni rencor.
Dicen mientras el viento la embarcación azota
Adiós, mamá Carlota, adiós, mi tierno amor,
Adiós, mamá Carlota, adiós, mi tierno amor.

viernes, 18 de mayo de 2012

El librero de mi padre: Los gobernantes no deben ser sacerdotes

Ignacio Ramírez es una de las figuras olvidadas por buena parte de los mexicanos. La perdida del gusto de la lectura, el poco interés por la historia que emerge de las mismas escuelas públicas (las privadas nunca han tendido a estudiar a los liberales) y el formar parte del gabinete de un hombre de la talla de Juárez han sido algunas de las razones por las cuales este gran mexicano ha quedado en el olvido. Una situación injusta, siendo que este hombre fue un ejemplo de trabajo, estudio y servicio al país (Admitamos que de esos servidores públicos nunca ha habido abundancia en México). A ello se le suma el ser uno de los principales promotores y redactores de las Leyes de Reforma y, aunque a muchos no les interese, uno de los primeros ateos abiertamente declarados del México del siglo XIX. Fue precisamente esta característica de Ramírez, su ateísmo recalcitrante, lo que lo llevo a pronunciar el siguiente discurso en la Camara de Diputados, de la que él formaba parte, con motivo de la intención de sus compañeros de colocar al inicio de la Constitución de 1857 las palabras "En el nombre de Dios...".

"El proyecto de Constitución que hoy se encuentra sometido a las luces de vuestra soberanía, revela en sus autores un estudio nos despreciable de los sistemas políticos de nuestro siglo, pero al mismo tiempo, un olvido inconcebible de las necesidades positivas de nuestra patria... El pacto social que se nos ha propuesto,se funda en una ficción; he aquí como comienza: "En el nombre de Dios... los representantes de los diferentes estados que componen la república de México... cumplen con su alto encargo..." ...La Comisión, por medio de estas palabras, nos eleva hasta el sacerdocio; y colocándonos en el santuario, ya fijemos los derechos del ciudadano, ya organicemos el ejercicio de los Poderes Públicos, nos obliga a  caminar de inspiración en inspiración, hasta convertir la ley en un verdadero dogma... pero en el siglo de los desengaños, nuestra humilde misión es descubrir la verdad y aplicar a nuestros males los más mundanos remedios... El nombre de Dios ha producido en todas partes el derecho divino; y la historia del derecho divino es el sudor y la sangre de los pueblos; y nosotros, que presumimos de libres e ilustrados, ¿no estamos luchando todavía contra el derecho divino?... Es muy representativo el encargo de formar una Constitución para que yo la comience mintiendo..."

Como se puede ver, este discurso deberían de leerlo todos los servidores públicos de nuestro país.


viernes, 4 de mayo de 2012

De gobernantes y sus tratos con lo divino


   "...yo creo que la vida o la Providencia, llámelo como quiera, decide colocar a la gente acertada en el momento adecuado...” dice Felipe Calderón; ”...yo tengo una forma lineal de tomar mis decisiones, primero le pido su consejo y bendición a la patrona de los mexicanos, a la virgen de Guadalupe...”, grita en el sur del estado que gobierna Guillermo Padrés. Dos gobernantes de la derecha política en México que han tomado como ejemplo al producto Fox en su etapa de candidato, aquel que anunciaba el fin de la corrupción y el inicio de un futuro más promisorio con un estandarte de la ya mencionada virgen en la mano. Gobernantes que se creen con contacto directo con lo divino, pero que pierden contacto con sus gobernados; Que prefieren escuchar a sus divinidades, en vez de a los expertos en la materia; De los que prefieren estar en mejores términos con su conciencia y su moral que con los pobres y los desamparados; Para los que el Estado laico, que costó años de guerra y desolación por todo el país, es sólo algo que queda muy bien para decir en el aniversario del nacimiento de Juárez, pero hasta ahí. Hombres que se creen un Elías, un Moisés, un Josué o, mejor aún, los tres juntos; pero que a diferencia de los personajes bíblicos, no llevan enseñanzas, leyes justas o liderazgo a los que gobiernan.

    Hombres que no recuerdan el grave riesgo que corren sujetando sus actos a los designios de un proyecto superior. Pero sobre todo, que no tienen memoria de lo que han sufrido los pueblos cuando sus líderes ejercen el poder de esa manera. Pasó en la edad media, donde el papa Urbano II, en el nombre de Dios, decidió iniciar una seria de guerras (llamadas románticamente  “Cruzadas”) con el fin de salvar unos lugares supuestamente sacros para cristiandad; Sucedió en la Alemania de Nazi, donde Hitler vio a la guerra como la única vía de cumplir el “Destino superior” del pueblo alemán; Se vivió en la URSS, donde Stalin vio en los millones de muertos de sus reformas económicas un simple contratiempo en el camino hacia el comunismo que él imaginaba como ideal; Pasa actualmente, en los países donde el capitalismo salvaje ve en los pobres meros detalles sin importancia en nombre de la ganancia.

   Y es que Calderón y Padrés parecen ser de esa clase de hombres para los que todos sus actos están guiados por la providencia, por lo tanto, para ellos no puede haber crítica y consejo que valga, simplemente porque sus decisiones pertenecen a un orden superior. Los demás podrán tener errores y deberán pagar por sus actos, pero ellos no, porque todo lo que ellos hacen esta guiado por una mano suprema que al final pondrá todas las cosas en orden, quedando ellos como sus gloriosos instrumentos divinos y con una corona de laureles en su sien. Y es que es tanta la visión que pretenden tener de los designios del Señor, que permanecen ciegos ante los efectos de sus errores. En ello podríamos encontrar la razón de porqué Calderón muestra tanto desdén contra las críticas que se le hacen por las decenas de miles de muertos que costó su guerra contra las drogas, porqué  le es casi indiferente el que en su mandato hayan surgido 12 millones de pobres, y porqué amenaza con demandar a todos aquellos que firmaron la solicitud de que fuera juzgado por un tribunal internacional. O porqué Padrés hace oídos de mercader a las críticas que se hacen a la corrupción de funcionarios bajo su encargo directo y a las manifestaciones en ciudad Obregón que piden el cese a la construcción del acueducto “Independencia”.

   Continuando con ese paso, Calderón y Padrés terminarán tal como Luis Echeverría: Diciendo que lo que hicieron fue para evitar un peligro mayor que sólo ellos supieron avistar y que pagaron el costo que debía de hacerse. Resentidos en el fondo porque (tal como Elías, Moisés o Josué, según la mitología bíblica) ellos no fueron arrebatados por un carro de fuego hacia las alturas de lo divino, adorados por su pueblo o convertidos en imágenes del heroísmo.

   Pero todos sabemos algo: Al final, el costo de las malas administraciones públicas siempre lo paga la sociedad, y esta sólo pone en la gloria a los que gobiernan con la inteligencia, no con la fe. 

martes, 24 de abril de 2012

Peña es la excepción (hablando de presidentes y libros).


Ser priísta y el leer parecen ser dos cosas completamente en contra desde que el candidato del tricolor, Enrique Peña Nieto,  cometió un garrafal error en la Feria del Libro de Guadalajara. En esa ocasión,  la incapacidad de Peña de mencionar tres libros que hubieran marcado su vida fue la muestra de dos cosas: Primero, que las redes sociales,(principalmente de twitter y facebook) tienen un poder en la opinión pública que hace tres años no se habia siquiera imaginado;  Y segundo, dio a entender que el candidato priista simplemente no lee. A partir de ello el úblico en general saco la conclusión de que si no lo hacia el candidato, mucho menos la dirigencia, de la militancia simplemente ni hablar. La crítica podrá tener la razón en cuanto a Peña, pero la verdad es que los dirigentes y presidentes emanados del PRI a lo largo de los 70 años en el poder podían llegar a poseer todos los descalificativos que se quisieran (ladrones, sinvergüenzas, déspotas, corruptos, asesinos), pero de ninguna manera podía tachárseles de incultos o de alejados con el mundo de las letras.

Para muestra,  unos cuantos ejemplos de presidentes emanados del PRI:

José López Portillo: Encarna el ejemplo máximo de cómo se puede llegar a enloquecer al abrazar el poder presidencial mexicano, lo sabemos gracias al libro de Julio Scherer “Los presidentes”. En él,  Scherer relata que su pariente lejano y amigo era una persona sencilla, que aun siendo un alto funcionario conducía su propio auto y que contaba con una exquisita conversación en la que la literatura e historia mexicanas eran temas primordiales y dominados. Aun ahora, cuando se leen las entrevistas que en los 90´s se le hicieron al ya entonces expresidente, verdaderamente sorprende el que fuera capaz de una conversación cultísima donde podía desarmar a su interlocutor con sus conocimientos sobre los antecedentes históricos de las figuras que conforman el Estado Mexicano.

Miguel de la Madrid Hurtado: Nadie pone en tela de juicio que Miguel de la Madrid tenía una personalidad completamente gris, ni que su incompetencia en materia económica será recordada por siglos, así fue y será recordado por los mexicanos de las próximas generaciones. Pero ni su personalidad ni su incompetencia en materia económica le impidieron desempeñarse como maestro en la facultad de Derecho de la Universidad Nacional Autónoma de México, así como contar con la suficiente capacidad como para llevar a cabo una maestría en Harvard. Harvard podrá tener el potencial de llegar a producir a los causantes de la desgracia económica mundial, pero nadie duda de que sus requisitos de ingresos no permitirían que una persona inculta entrara a sus aulas.

A lo anterior podemos agregar que después de concluida su presidencia, Miguel de la Madrid se convirtió en director del Fondo de Cultura Económica, una de las instituciones más importantes en cuanto a la difusión de obras literarias del país. Pero bien puede decirse que no basta el nombramiento, que pudo ser una simple colocación de parte de Salinas para que De la Madrid siguiera viviendo del erario público, pero esto queda denostado por los premios y reconocimientos a los que la institución fundada por Daniel Cosío Villegas se hizo acreedora durante la década que el expresidente ocupo el cargo de director.

Salinas: De la figura obscura que es Carlos Salinas, podemos decir que su ambición,  gusto por el poder y desprestigio ante el pueblo de México sólo  puede ser equiparable con su excelencia académica y su amplio acervo cultural. Considerado incluso por sus detractores como “el presidente más culto de la historia reciente de México” (Véanse “Los brujos del poder”) ha llegado a contar con la inteligencia como para hacerse con una Licenciatura en la UNAM, así como dos maestrías y un doctorado en Harvard, todo ello con mención honorifica. Además, como prueba ineludile de su cultura, logró lo que nadie hubiera creído posible: Ganarse al premio Nobel de Literatura mexicano, el mismísimo Octavio Paz. Si tenemos en cuenta que Paz a sido uno de los mejores escritores mexicanos de todos los tiempos y contaba entre su círculo de amistades a grandes como el ya mencionado Cosío Villegas, así como entre sus pupilos a personas de la talla de Enrique Krauze, hay que creer que no cualquiera podría haber logrado acercársele como en su momento lo logró Salinas.

Como puede verse, la cultura no siempre esta peleada con el poder y quienes lo desean. Volviendo a Peña, no puede perdonársele el haber cometido una pifia tan grande en la Feria del Libro, pero se entiende (comprendiendo que entender no es ni lejanamente perdonar) más cuando la última evaluación del Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe (CERLALC), entidad dependiente de la UNESCO, menciona que el promedio de lectura del mexicano es de 2.9 libro años. En fin, Peña no es más que el resultado, como la gran mayoría de mexicanos, de una sociedad que relego la lectura a cambio del cine, la televisión y el internet. Una verdadera lástima.

jueves, 29 de marzo de 2012

El librero de mi padre: Fuentes, el PRI y la clase política.

La siguiente es el extracto de una entrevista brindada por Carlos Fuentes en un año donde se renueva al titular de la Presidencia de la República. En ella se abordan un par de temas muy interesantes: La situación del PRI en una verdadera competencia democrática y la situación de la clase política nacional.

A continuación, las palabras de Fuentes:

No es posible, por ejemplo, creer que el PRI sólo es democráticamente creíble cuando pierde. El PRI puede ganar, pero hay que tener una plena seguridad de que ganó el PRI. El PRI viene perseguido por su mala fama, que lo precede como una banda militar diciendo: “Yo cometo fraude y lo he cometido durante 65 años”. Entonces, tiene que luchar contra esa mala fama, pero esa mala fama, si se dan todos los factores objetivos de los que estamos hablando, no debería impedir que se reconozca el triunfo del PRI. Seguramente mucha gente va votar por el PRI, por hábito, por intereses, por lo que usted quiera, por convicción. Y lo mismo respecto a los otros dos partidos mayoritarios...
Uno de los grandes males de la política mexicana en los últimos años, es que cada vez más se ha cerrado el grupo de gobierno, cada vez nos gobiernan grupos más reducidos de tecnócratas, unidos por intereses, ideologías, metas muy concretas, grupos que a veces actúan de una manera muy efectiva, pero que son sumamente cerrados y poco representativos de lo que es nuestro país. El siguiente presidente va a tener que hacer lo contrario, un gobierno de unidad nacional, un gobierno de corresponsabilidades, un gobierno como usted quiera llamarlo, pero que tenga carácter nuevamente representativo, como lo tuvieron muchos gobiernos del propio PRI.

P.D. Si se fijan en los años que comenta Fuentes en el primer párrafo, se darán cuenta de que la ocurrió en 1994, aparececiendo el 1 de agosto de dicho año en el número 926 de la revista Proceso, a 20 días de las elecciones en las que fue declarado ganador Ernesto Zedillo. Saquen sus propias conclusiones sobre que tanto hemos avanzado en estos 18 años.

P.D. 2 Se llama "El librero de mi padre" porque de ahí suelo sacar verdaderos tesoros de libros y revistas sobre el pasado de la política mexicana.

martes, 27 de marzo de 2012

¿En que manos te pones, mexican@?

Primero que nada, un aviso: Soy ateo, lo cual no me impide respetar el ejercicio de las creencias religiosas de los demás, empezando por mi propia familia y la mayoría de mis amigos. Mis problemas empiezan con las instituciones religiosas que truncan el fin para el que ellas mismas dicen que fueron hechas. Por ello, pido una disculpa si alguien se ofende, pero mi curiosidad siempre ha sido más grande que el respeto a lo establecido.
Y ahora, la entrada del blog:
El año de 1993 no pinta bastante dentro de la historia internacional o nacional: No empezó ninguna guerra mundial, no nos invadió ninguna potencia en una forma que no fuera la económica, no fue elegido un nuevo papa, Salinas se pavoneaba de tener todo bajo control y se soñaba como el nuevo Jefe Máximo sin pensar lo que sería 1994. Pero aun así, 1993 fue un año interesante para aquel que gusta de estudiar a las religiones (algo así como el 0.000000000000001% de la población) puesto que apareció el libro Los funcionarios de Dios del escritor alemán Eugen Drewermann, un libro que se atrevió a hacer lo que nadie habia querido: Desentrañar la mente del sacerdote católico, ese individuo que es el contacto entre el individuo y la institución llamada Iglesia Católica y Romana.
La primera sorpresa ocurre cuando se conoce el perfil académico de Drewermann: Él mismo es un sacerdote católico, a la vez que reconocido psicoterapeuta y teólogo, con exitosas incursiones en ambas áreas. La segunda, tercera, cuarta y enésima sorpresa las da el alemán cuando muestra los resultados de sus estudios, publicados en el libro antes mencionado y que con más error que acierto intenté sintetizar en los siguientes puntos.
Inseguridad nata: La gran mayoría de los individuos que llegan a convertirse en sacerdotes fueron seres con un vacio en su existencia, carentes muchas veces una figura paterna o al menos una amorosa en la vida. Al contar con un vacio tan enorme, buscan llenarlo con un poder que, supuestamente, se extiende sólo a los demás seres humanos, sino que tiene vínculos con lo divino. Los demás podrán tener vocaciones y metas, pero él no, él tiene ante todo una misión divina: Recibió “el llamado” de Dios y debe de hacer su voluntad. Es la historia de “El patito feo”: Después de las humillaciones, temores y sentimientos de desprecio, el individuo descubre que es algo superior a todos los demás, no es uno más de la parvada, es un cisne en su esplendor. El desesperado se ha vuelto el hijo predilecto de Dios. Aquel que no lo respete no es sino un impío, un ateo, alguien que sólo merece lastima. Es este punto el que forma los cimientos sobre la roca sobre los que se edificara el futuro clérigo.
Una personalidad deformada por el seminario: Si se le pregunta al clérigo promedio el porqué de sus problemas sexuales, las razones de sus sumisión a sus superiores y su tiranía a los inferiores, dirán que es por la educación recibida en el seminario, como si no hubieran tenido casi 20 años fuera del mismo. Y es que fue precisamente la educación en el seminario la que lo convirtió en un ser incierto en si mismo y que es ideal para perpetuar el poder la Iglesia por siglos. Se le instruye en que el amor carnal es el pecado, y se le obliga a renunciar a toda expresión de él que pueda tener hacia otra persona, sea esta del mismo genero o no; Se le arranca tanto el sentido de haber pertenecido a otra familia, que en sus propias palabras se debe por completo, para bien o para mal, a la “Santa” madre Iglesia. Es esto último lo más preocupante, puesto que el clérigo considera a la Iglesia Católica como su única y verdadera madre, el ente al que le debe todo y por el que está dispuesto a verter sangre, sudor y lagrimas por su protección.
Una cerrazón en su mundo: El sentido de su lugar en el mundo y su formación eclesiástica crean en el sacerdote una trampa que lo mantiene ahí por lo general resto de sus vida. Colocado detrás de la trinchera ideológica formada a partir de una teología que suena bonito y lo convierte en el personaje central de la trama, no se da cuenta que poco a poco va renunciando al pensar por si mismo, a aceptar la jerarquía eclesiástica como algo inmutable a lo cual inclinarse y nunca contradecir, a renunciar al sentido común por la presión administrativa de la Iglesia, a aceptar y defender el centralismo autoritario, para finalmente llegar a la soledad.
A partir de estos puntos extraídos del libro de Drewermann, hay que preguntarnos: Si es necesario el tener una personalidad insegura en el fondo, deformada en la juventud, permanecer cerrado al mundo y a tener delirio de grandeza al creerse elegido por la providencia, todo ello para poder ser un simple cura, ¿Qué tanto se necesita avanzar en ese camino para llegar a convertirse en Papa?. Y en todo caso, ¿porque no empezar a verlos como simples humanos para bien de ellos y nosotros?.

Fuente: Drewermann, Eugen, Los funcionarios de Dios, Editorial Barcelona, 1993.

No estaba muerto, andaba de parranda...

“No, porque ya murió la gente que me contaba historias”. Este era el pretexto con el que Juan Rulfo respondía a los ruegos, peticiones e incluso amenazas de sus miles de seguidores en todo el mundo que deseaban siguiera escribiendo más allá de esos dos viajes en el tiempo y el espacio que son El llano el llamas Y Pedro Páramo. Yo no soy Rulfo, ni tampoco he escrito algo lejanamente parecido a Pedro Páramo, ni mucho menos nací en Jalisco (bien, porque prefiero el bacanora al tequila) pero también he llegado a sentir por un par de años la muerte de todo deseo de escribir (pero sin la fama y la fortuna del ya mencionado jalisciense).

Dígase apatía, falta de inspiración, proceso de madurez, traumas de la infancia que emergieron en la edad adulta o simplemente la más grande de las flojeras intelectuales, el resultado final era el mismo: Escribía por encargo, ya fuera de la escuela o algún investigador con el que llegue a colaborar, pero mi iniciativa en ese campo estaba más muerta que el deseo mundial de acabar con las armas nucleares. No niego que llegué a disfrutar esos trabajos por encargo, y que el colaborar con cada uno de esos tres investigadores (se omiten nombres por respeto a su talla intelectual y por no someterlos a la vergüenza de que me relacionen con ellos) son de las pocas cosas de las que me puedo sentir completamente orgulloso en la vida, pero aun así me faltaba la chispa que activara la mezcla de lecturas, experiencias y traumas que considero son fundamentales para que el escribir se convierta en algo más que un simple llenar páginas y que ello sea grato al menos para el que lo hace (si a los demás también lo es, mucho mejor). El tiempo que estuve sin escribir no fue perdido: Terminé una carrera, empecé una tesis, viví fuera de mi estado natal, me enamoré, me desenamoré, me brindaron odio jarocho, me uní a un partido político, hice grandes amigos y perdí unos que parece que siempre no lo eran tanto, leí mucho, conocí personas de otras culturas y, sobre todo, en algunos momentos llegué a ser feliz.

En fin, la chispa deseada parece haber vuelto a mi vida, y espero que el fuego que se ha iniciado arrase con la maleza de la inactividad intelectual y prepare el terreno para sembrar las semillas de la felicidad. Yo no sé ustedes, pero creo que me voy a divertir.